viernes, 27 de enero de 2012

Poesía en las paredes

Esta mañana, al llegar a la facultad, mi sorpresa no ha podido ser mayor: En la puerta del aula, dos hojas de papel. En una de ellas, "Romance del Lunes". En la otra, un soneto titulado "Poesía en las paredes del s. XVI". Esto es: alguno de los alumnos de segundo de filología hispánica (o, como ahora se empeñan en llamarlo, grado en español) había dedicado parte de su tiempo libre a componer un par de poemas en los que comenta el primer día de clases de la semana y el tipo de poesía que él mismo está haciendo al colgar esas hojas ahí.
Os los reproduzco aquí, con algunas correcciones en cuanto a puntuación, y adjunto pruebas fotográficas más abajo.

Romance del lunes

Madrugaba la mañana
temprano en la facultad;
estudiantes van llegando,
amanece la ciudad.

Vian empieza la clase:
el diálogo va a dar.
No hemos hecho el comentario,
ya nos comienza a gritar.
Dicta, dicta, dicta y dicta,
y no para de dictar.
Antonio llega con la hora:
¡al fin se va a terminar!

Vamos a Historia del Libro,
Rokiski empieza a explicar
incunables y la imprenta.
Tras Aldo Manucio van
tres familias de editores
que en el examen caerán.
Empezó en el siglo XIV
y ya por el XX va.
Si no dicta despacio,
no me da tiempo a copiar.

La morenita es Rosa,
mí con ella no intentar,
siempre maja, pero ná...
con nosotros va a acabar.
Primero latín clásico;
ahora latín vulgar.
¡Me muero, sé que me muero!
¡Un infarto nos dará!
Español es imposible,
reglas a memorizar,
vocalismo y consonantes...
La cabeza no me da.

Morfología no entra,
no pararé de suspirar.
Esto no pinta nada bien...
una masacre habrá.
¡Ay, ay, las niñas de clase
no hacen más que berrear!
Como no aparezca Antonio,
a mí la muerte me da.
Nos quedamos en la biblio
[teca].
Entonces, ¿qué más nos da
si Antonio viene o no llega
trayendo felicidad?

Y así acabamos el lunes,
cerramos la facultad,
y aún tengo que leerme
las lecturas de Vian.
¿Es que esto nunca se acaba?
¿Es que nunca va a acabar?
Dejad de escribir romances
y poneos a estudiar.


Poesía en las paredes del siglo XVI

Díez Borque lo explicaba en el aula:
poemas en la pared, romancero,
en el siglo XVI graffiteros
poco más tarde que Amadís de Gaula.

Leer de versos una retahíla,
leer silencios no perecederos,
creyendo los muros ser cancioneros
recitados por el genio del habla.

Acrósticos de pega, verso en boca,
falsos juglares de falsa tapioca.
Y poder decir "esta boca es mía".

Ir sin pasaporte a Nunca Jamás
para convertirnos en algo más
que trovadores de Filología.


Ha sido algo que ha llamado poderosamente mi atención. Desconozco quién o quiénes son los autores, pero me produce una tremenda alegría ver que siguen quedando imaginación y ganas de hacer cosas entre nuestras filas.
A los artistas, mi más sincera felicitación. Ha sido un ingenioso modo de alegrarme la mañana.

D. Valmont

No hay comentarios:

Publicar un comentario