lunes, 30 de enero de 2012

Terminar de leer a Bécquer... y suspirar.

No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta enmudeció la lira;
podrá no haber poetas, pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a do camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

...

...

¿Sabéis lo que os digo? Que la gente puede decir misa (e irse al carajo también)... Bécquer no es un poeta simple, ni está sobrevalorado, ni ninguna de esas tonterías que se escuchan por ahí...
Sí, Gustavo Adolfo usaba un lenguaje sencillo, es verdad. No empleaba los grandes estrofones que habían empleado sus predecesores románticos o los poetazos áureos, también es verdad. ¿Y qué? Eso a quién le importa. Atreveos a decirme que estos versos no os tocan la fibra:

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...
¡hoy creo en Dios!

No podéis. Por mucho que queráis convencerme de lo contrario, no podéis decir que ese poema no os llega. No porque sea sencillo... No porque sea romántico... No porque lo haya escrito Bécquer... Os llega, como me llega a mí, porque habla de algo que nos identifica a todos... ¿Quién no ha amado alguna vez? Para usar un lenguaje de andar por casa... ¿A quién no se le ha alegrado el día al ver a esa persona? ¿Quién no se ha sentido estúpidamente feliz porque, por un instante, el dueño de nuestra conciencia más inmediata ha fijado sus [preciosos] [divinos] ojos en los nuestros? ¡No, callaos! ¡No intentéis negármelo! Si lo hacéis, estáis insultando al mismísimo Bécquer (y también a mi inteligencia, así que chist).

Cuando entre la sombra oscura
perdida una voz murmura
turbando su triste calma,
si en el fondo de mi alma
la oigo dulce resonar,

dime, ¿es que el viento en sus giros
se queja, o que tus suspiros
me hablan de amor al pasar?

Cuando el sol en mi ventana
rojo brilla en la mañana,
y mi amor tu sombra evoca,
si en mi boca de otra boca,
sentir creo la impresión,

dime, ¿es que ciego deliro,
o que un beso en un suspiro
me envía tu corazón?

Y en el luminoso día,
y en la alta noche sombría
si en todo cuanto rodea
al alma que te desea
te creo sentir y ver,

dime, ¿es que toco y respiro
soñando, o que en un suspiro
me das tu aliento a beber?

Bueno, no veo para qué explicar las cosas que se explican por sí solas, y se lucen y nos dejan anonananananananananadados por su maravillosidad. La obra de Bécquer es una de esas cosas.Y Bécquer mismo también... Aquí tenéis una imagen que lo demuestra:


Está guapo el mocetón, ¿eh?

D. Valmont

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