jueves, 23 de febrero de 2012

Profesores que inspiran

Al hablar de "profesores", nos estamos refiriendo a esas personas con las que compartimos gran parte de nuestros días durante nuestra etapa de estudiantes. Y todos ellos (o la mayor parte) nos han marcado por alguna razón. En algunos casos, esa marca es más profunda que en otros.


A veces, y en este caso no positivamente, te das de boca con ese profesor al que acabas apodando "el Malasombra". Su perfil es sencillo: te odian sin que venga a cuento. En la mayor parte de los casos, no hay motivo que justifique su actitud. Lo único que se trasluce de su trato es su antipatía hacia ti, sin que tú puedas explicarte por qué. Son esos profesores cerrados de mente para los que no eres lo suficientemente "brillante", aquéllos a los que su asignatura les parece la más importante, desdeñando la importancia de las demás. Critican a otros por no pensar como ellos. Su palabra es dogma. Tu labor: creértela.

A veces tienes la mala fortuna de tropezar con ese que es la personificación de la ineptitud. Es con esos profesores con los que te preguntas "¿De verdad el título no puede obtenerse en una tómbola?". No te enseñan nada. Y no sólo eso: si los escuchas, corres el riesgo de desaprender lo aprendido. Sus faltas gramaticales y su incultura son tales que no dejan de asombrarte ni aun cuando ya te has librado de ellos y tienes en mente evitar cualquier tipo de encuentro con ellos en el porvenir. Dada su ineptitud, se ofuscan con facilidad, y no aceptan preguntas tuyas, porque responderlas satisfactoriamente no está en su mano. Última misión: evitarlos a toda costa.


Pero a veces, pocas veces en comparación con lo anterior, nos encontramos con ese profesor al que le encanta su trabajo. Son esas personas que han nacido para enseñar. Viven la enseñanza, y son capaces de transmitir su pasión a quienes los escuchamos en muchas ocasiones obnubilados y conseguir que aprendamos lo que sea. Son esos profesores que logran el aprendizaje mientras dura la enseñanza, transformando el estudio pre-examinal en una lectura repasatoria. Con ellos no puedes sino disfrutar las clases.

A veces nos topamos con aquél al que podemos llamar sabio entre sabios. Es el profesor erudito, el profesor-fuente de conocimiento incomparable. Sus clases no son preparadas, sino espontáneas, pues apenas si consulta los viejos apuntes que lo acompaña desde hace, ¡oh, cielos!, largo tiempo. Son estos profesores aquéllos a cuyos pies te sentarías a oír lo que fuera que quisieran contarte, porque tienes la seguridad de que, sea lo que sea lo que vaya a salir por sus labios, vas a aprender.

A veces tenemos la suerte de dar con ese al que pones un mote cariñoso porque su adorabilidad alcanza cotas que difícilmente habías visto antes. Son esos profesores tímidos y agradables, que siempre tienen una palabra de aliento y siempre ven el lado positivo del trabajo de los demás. No critican duramente, sino entre velos, con cautela. Su arma es la motivación. Su objetivo: tú y tu aprendizaje, y la capacidad que tú tengas de desarrollar ese aprendizaje. Te ayudan a aprender por ti mismo y a descubrir tus capacidades.

A veces tus pasos te conducen a ese que tiene esa apariencia distante, pero que cuando lo conoces, alcanza la categoría de, como mínimo, "abrazable". Son esos profesores que te ustedean, que siempre son corteses pero también fríos. Esos a los que, de primeras, no les contarías un problema personal. En cambio, con el trato y el tiempo consigues verlos como las personas que son: no es necesaria una excesiva confianza, sino simple moderación y amabilidad, para que se muestren algo más abiertos contigo. Esa apertura te permite ver su cultura y su sensibilidad, y hasta qué punto puede afectarles lo que les sucede día a día con sus alumnos.

A veces el destino te lleva a ese profesor apasionado al que le encanta lo que enseña. Está en clara relación con el caso de "profesor nacido para la enseñanza", pero éste lleva el plus de que consigue sembrar en ti el gusanillo del saber. Cada palabra que dicen es un reflejo del mucho placer que tal o cual materia les produce, lo mucho que disfrutan lo que te están enseñando. Son esos profesores que viven sus materias con vehemente apasionamiento, y logran transmitírtelo. Años después, sabes que tú eres igual a ellos.

Estos últimos cinco tipos confluyen en uno mismo: todos son esos profesores de los que te enamoras. Son profesores que te forman como persona, que te enseñan a ver algo más que letras en un papel. Te moldean. Te dan vida. Te insuflan tu espíritu, tu inteligencia, y te muestran cómo usarla. Te llevan de la mano por el camino del saber, y cuando se va acercando una bifurcación, te sueltan para que puedas elegir por ti mismo. Te han dado las herramientas, todo está en ti... Úsalo.

Han inspirado este breve ensayo los siguientes profesores: A.G., I.V., L.G., J.M.D.B., S.D., A.I., A.B., N.S., E.G.

D. Valmont

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