sábado, 21 de julio de 2012

"Ainadamar", o una visión lorquiana de la muerte de Lorca

Como todos sabéis ya, me entusiasma el teatro. Casi tanto como me entusiasma la literatura en general. Planear ir a una obra convierte una tarde de hastío en una de fiesta, y más si, como en esta ocasión, se trata de una obra en la que Lorca, Nuria Espert y Teatro Real se juntan en una misma frase. No soy crítico teatral, ni crítico de nada a decir verdad, pero varios años de pulimento me han convertido en crítica CON lo que leo y con lo que veo, y es de ahí de donde van a salir mis opiniones acerca de esta, a priori gran obra, titulada Ainadamar.

Luces que se apagan, recolocaciones en las butacas de un patio que estaba lleno pero no del todo y contención de los últimos nervios, acompañantes hasta allí de mi persona al menos desde la tarde anterior, ante el inminente comienzo de la función. Aparición de doña Nuria Espert. Versos. Música. Palmas y campanas. ¡Ay, qué día tan triste en Granada! Margarita Xirgu -¡dos Margaritas Xirgu!- y Federico. Muecas. Coros. La Habana. Un beso. Varios besos. Alguien que se asoma a una ventana. Un profesor, un torero y Federico. Disparos. Llanto. Llanto, llanto y más llanto. Un fantasma. Más versos. Luces que se apagan. Aplausos. Luces que se encienden. Más aplausos.


Y, sin embargo, cierto sinsabor. Tal vez porque el artículo de Elvira Lindo ya me había predispuesto en cierta forma contra lo hecho en el Teatro Real. Tal vez porque mi forma de sentir a Lorca no es la misma que la que intentaban transmitir Golijov y Hwang a través de la bella expresión operística. Tal vez porque me desagrada enormemente esa forma de entender al poeta, de malentenderlo y profanarlo, dándole unos matices de chabacana superficialidad disfrazada de profundidad espiritual, y de supuesta popularidad predominante por encima de otras características igual de importantes, sofocando así su evidente genialidad poética. 
A mis ojos, ayer presentaron a un Lorca vacío: el collage de impresiones -a veces daba la sensación que de oídas- que había logrado Osvaldo se despegaba poco a poco ante mí como si lo hubieran pegado con saliva y no con cola de contacto. Me daba la impresión de que intentaban explicar a un hombre tan complejo como Federico SÓLO a partir de sus obras más tradicionales en su forma y contenido (Mariana Pineda o el Romancero Gitano). Quedarse únicamente con eso es, en mi opinión, matar a Lorca de una forma más atroz que la perpetrada en 1936. 


Tampoco entendí que hiciera que al poeta lo interpretase una mujer. Bueno, miento: puedo llegar a entenderlo, pero no quiero pensar que lo hayan hecho por su condición sexual, por ese tópico extendido de que el alma de Federido, transmutado en Yerma, era alma de mujer. No. Me niego. La de Federico era un alma genuinamente única, y verla de otro modo es apreciarla entre las sombras de la ignorancia y la ceguera voluntaria. ¿Es que Lorca no era hombre por amar a otros hombres? ¿Acaso no hay actores varones que hubieran podido interpretarlo con igual tino que la mezzosoprano Kelley O'Connor? 

La falta sustancial de argumento... Otro de los aspectos que me decepcionaron. Bien sé que se trataba de un drama lírico -o eso espero... De no ser así, vendría el verdadero problema-, pero el regodeo, a mi parecer innecesario, en la muerte de Lorca (ya no sólo en el mismo momento, que me pareció espectacular por los efectos sonoros y la música, sino en lo precedente) y en el llanto posterior, especialmente este último, se me hizo excesivo. La obra podría haberse cortado bastantes minutos antes.

Me maravilló, sin embargo, Nuria Espert, que con su voz rota por la vejez aún conseguía erizar los poros de mi piel mientras recitaba poemas del Diván de Tamarit y se paseaba por el escenario con lágrimas en los ojos y sonrisa de melancolía. Cierto es que no entendí muy bien su papel en la obra (¿una Margarita Xirgu anciana que recuerda?), y su presencia constante en el escenario, pero no voy a mentiros diciéndoos que no agradecí internamente que no se apartara de mis ojos, como un ángel de luz (ilusión probablemente motivada por su atuendo color blanco marfil) allí puesto para tratar de salvar a Federico una vez más de su inevitable destino. Estuvo soberbia.


También estoy obligada a mencionar la voz de Jessica Rivera, intérprete de la joven Margarita Xirgu, que consiguió emocionarme a lo largo de toda la obra cada vez que nos regalaba los oídos con una nueva canción (¡incluso tumbada!), y los movimientos hipnóticos del bailaor Marco Berrie, asesino imponente de este Lorca de ficción, increíble en su papel... Absolutamente hipnótico, repito. Creo que fue lo que más me gustó de todo el montaje, junto con la música. Menuda diferencia de tener una orquesta en directo a no tenerla...


Pero algo faltaba... Su voz. Su voz, que era lo que yo más ansiaba escuchar, sólo a veces rescatada por la de Nuria Espert, quedaba ahogada en una maraña de otras voces, muy bellas, sí, pero insuficientes para mi espíritu hambriento de poesía... Ayer fue la voz de Lorca lo único que no se escuchó en el teatro.


D. Valmont

5 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en la mayor parte de tu crítica, como ya comentamos. La verdad es que no había caído en lo que dices de la construcción de la imagen de Lorca únicamente a partir de sus obras más tradicionales... Pero una visión global también hubiera sido inabarcable (¡y un tanto caótica!).
    Hubo extrañas coincidencias durante la obra (¿por qué decir ''era homosexual'' justo después de ''dijeron mentiras sobre él''?), pero creo que el gran acierto fue la mezcla de recitación, canto, baile y música. Esa heterogeneidad me pareció bellísima.

    PD: Es un placer leerte, Deb.

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    1. Se me olvidó poner eso que has mencionado justo en el segundo párrafo de tu comentario, y mira que estuve pensando al respecto... Que dijeran que "lo difamaron" y después dijeran "¡por maricón!" fue un shock absoluto e inexplicable.

      Y sí, lógicamente tienes razón: una visión global de Lorca es inabarcable de cualquier forma, cuanto más en una ópera de 1h 40 min, pero temo que la gente que no es como nosotros, o sea, que no está metida en el tema de la literatura, pueda percibir a Federico del modo erróneo, como digo en la entrada. Es una visión sesgada de un poeta genial y rotundo en su totalidad.

      Y es un placer saber que te gusta leer lo que escribo. ¡Gracias!

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  2. Siento mucho disentir profundamente en lo que señalas sobre tu crítica a que el papel de Lorca lo hiciera una contralto. He estado esta semana en un curso de El Escorial sobre mujeres en el teatro y se ha hablado mucho de este tema, y especialmente de las deleznables opiniones de Elvira Lindo sobre el Segismundo de Blanca Portillo que por cierto no se ha molestado en ir a ver.
    La pregunta no es por qué a Lorca lo interpreta una mujer, la pregunta es ¿por qué no?
    No comprendo que nadie pueda esgrimir razones teatrales sólidas como para sostener que con determinados perfiles se puedan hacer ese tipo de transmutaciones. El travestismo en el teatro es tan ancestral como el teatro mismo; representar un papel es ejercer de lo que no eres siendo lo que no eres, y tanto mejor actor es aquel que más pueda distanciarse de lo que es. Los fragmentos de La vida es sueño colgados en Youtube certifican que no hay ninguna razón para que un personaje masculino le sea vedado a una mujer. Un comentario así me parece destruir la esencia misma del teatro, además de cercenar radicalmente la posibilidad de que un director le quiera dar un enfoque distinto a un personaje, presentarlo desde otra perspectiva. No he tenido la suerte de ver la ópera que fuisteis a ver las tres, y por supuesto no puedo opinar de cómo encaja el color de voz de una contralto en el papel de Lorca, pero a priori no comprendo qué problema hay. Lorca hubiera estado encantado, la verdad. No por homosexual, ni por afeminado, ni por tantas otras trivialidades que se dicen sobre él siempre y que ignoran el sentido más nuclear de sus textos: su radical pasión por el ser humano y por difuminar las líneas que distancian a unos y otros. Lorca pasó gran parte de su vida tratando de entender a las mujeres al escribir, ¿cómo se iba a negar a que el ejercicio se hiciera recíproco? Yo sostengo lo que dijo la directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Helena Pimenta, el otro día en el curso: Elvira Lindo debió tomar algo en mal estado antes de decir eso. No hay otra razón para ser tan poco teatral y tan poco lorquiano siendo como es una admiradora de Lorca y del teatro.

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    1. Me imagino, Sergio, que habrá opiniones para todos los gustos. Yo, hablando desde la experiencia, he expresado la mía: no me gustó que una mezzo-soprano interpretase a Lorca. Ni siquiera una contralto... ¡Una mezzo-soprano! (¡y mira que cantaba bien la mujer!). Pero no me gustó porque no sólo nosotros, filólogos o entusiastas de la literatura, vamos a ver esa obra. Esa obra la va a ver todo el mundo, y a nadie que conozca un poco la imagen que la sociedad tiene de Lorca se le va a escapar que lo interpreta una mujer, y deducirá -me atrevo a aventurarlo- que eso se debe, casi con seguridad, a su homosexualidad. ¿Y eso no es entender al poeta de manera parcial y casi morbosa, porque se darán cuenta de que sus más envilecidos pensamientos al respecto tenían razón de ser "porque un señor compositor de óperas y otro de libretos lo han puesto sobre el escenario del Teatro Real"?

      Me parece, no bien, sino genial que las actrices interpreten papeles masculinos, al igual que me encanta ver obras en la que hombres interpretan el papel de mujeres (la mejor adaptación de "La Casa de Bernarda Alba" que he visto -por desgracia, para la de la Bardem nací un poco tarde- estaba protagonizada por una Bernarda masculina), porque un buen actor debe ser capaz de vencer las supuestas barreras de su género para transformarse, no ya en cualquier persona, sino en cualquier cosa. Sin embargo, esto en el caso de Federico me molesta especialmente por las malas interpretaciones que puedan devenir de ello. A eso se debía la dureza de mi juicio, pero no te quepa duda de que iré a ver "La Vida es Sueño" protagonizada por Blanca Portillo en cuanto esté en el Pavón.

      ¡Ah, y la suerte no es para quien la espera, sino para quien la busca!

      pd: Me alegra que tengamos distintos puntos de vista sobre los que discurrir. Gracias por tu comentario.

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  3. Incluso desde esa perspectiva social que indicas creo que poner a un hombre para que nadie lo identifique con el tópico queer sería una forma específica de someterse al propio tópico: hagámoslo barítono o bajo para que no parezca lo que los prejuicios apuntan que debería parecer. Me parece un asunto muy peligroso, y yo celebro que el director haya sostenido su criterio artístico por encima de ese tipo de presiones de la imagen social del homosexual. Me parece que sin una independencia estética semejante jamás se hubieran escrito obras como Yerma o Doña Rosita.

    Es conocido por ambos que nuestra formación tiene enfoques muy distintos en el sentido de que yo he encontrado en mi carrera de filosofía el método de acercamiento a la literatura. Eso me hace el menos filólogo de los filósofos y el más filósofo de los filólogos. Pero a pesar de que nuestros planteamientos teóricos diverjan, evidentemente hemos de acudir continuamente a otros planteamientos, pues yo, por ejemplo, no puedo prescindir de las variantes textuales de un soneto para desarrollar con la delicadeza necesaria un buen análisis hermenéutico. Del mismo modo, creo que podría ser interesante en este caso para vosotras hacerse la pregunta de por qué una mezzo-soprano como si existiera una respuesta inteligente y estéticamente defendible.

    Quiero decir, que quizás valdría la pena poner en los ojos una tendencia a buscar un por qué significativo a las cosas, una razón por la cual pueda tener sentido que las cosas sean como son en un discurso. Creo que el cruce de ambas perspectivas -la integradora total y la crítica filológica -podría dar una medida enriquecedora para todos. Es una lástima que hoy sea el último día de la ópera y no vaya a poder verla; me hubiera gustado cruzar contigo elementos de juicio sostenibles. Disculpa por el comentario disonante, pero me parecía útil hacer esta aportación.

    Prosigo buscando la suerte mientras desespero de esperar, no te preocupes. ¡Saludos!

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