domingo, 25 de noviembre de 2012

XII

Aquel dulce bocado
entre tu cuello
y las alas de los caballos
me devolvió
una mirada de cuneta
cuando a buscarte
me acerqué a un charco,
y saboreé el barro,
y lloré gotas de miel
sobre los tálamos,
pues tú, lágrima de nube,
te habías evaporado.

Tragué el bocado,
giraste el cuello
y desaparecieron los caballos.


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